9 mar. 2014

¿Realmente el deporte es educativo?




En la sociedad actual existe una alarma generalizada en torno a la juventud y los problemas que acompañan a ésta: fracaso y absentismo escolar, consumo de drogas, falta de respeto por las normas y por los adultos, sedentarismo, obesidad, agresividad, falta de responsabilidad y compromiso, baja capacidad de esfuerzo y sacrificio, superficialidad, consumismo, falta de curiosidad e iniciativa, desmotivación generalizada, etc. En definitiva, una visión muy pesimista y prejuiciosa de la juventud que, si bien es real en algunos aspectos y en una parte de los jóvenes, se tiende injustamente a la generalización con demasiada facilidad. En este contexto, existe la convicción de que la práctica deportiva es uno de los mejores remedios de prevención y aprendizaje para los niños y adolescentes, especialmente, aquellos deportes de mayor difusión en los medios de comunicación, por la atracción que generan sus estrellas en nuestros jóvenes (y en los no tan jóvenes). Así, se parte de la idea de que haciendo deporte los niños aprenderán valores tan demandados hoy día como disciplina, compromiso, respeto a las normas, sacrificio, compañerismo, respeto a la figura adulta, un estilo de vida saludable y un largo etcétera.

Sin embargo, por la mera participación en una actividad deportiva no quiere decir que se vayan a producir los efectos deseados de manera espontánea. Dependerá de la orientación que se le de a dicha actividad por parte de políticos, organizadores, directivos, árbitros, periodistas, publicitarios, espectadores y, sobre todo, entrenadores y padres. Dicha orientación, podrá ser generadora de un ambiente formativo para un desarrollo saludable y positivo o, por el contrario, creadora de un contexto imitador del deporte profesional, que ocasione presiones y sus consecuencias negativas. Es responsabilidad de los adultos que trabajan en el deporte base, incentivar un deporte sano y capaz de proporcionar a los jóvenes un entorno donde desarrollar sus capacidades técnicas, tácticas, físicas, psicológicas y sociales, tanto para la vida deportiva como para la extradeportiva.

En esta misma línea, resulta igualmente indispensable la figura de los padres de los deportistas en formación, y la influencia que ejercen sobre sus hijos. Los padres y madres juegan un papel fundamental en la generación del hábito de practicar deporte, y en la continuidad en el mismo, sirviendo como modelos. La mayoría de los padres desean lo mejor para sus hijos en todos los aspectos de la vida; pero, por diferentes circunstancias y motivos, no siempre tienen claros los objetivos de la práctica deportiva de sus hijos e hijas, ni las pautas de comportamiento y las actitudes adecuadas que pueden manejar y utilizar cuando asisten a un entrenamiento o a una competición con sus hijos, o cuando, posteriormente, dicho evento deportivo ha finalizado con resultado de victoria o de derrota. Los padres desinteresados o preocupados en exceso por los logros deportivos de sus hijos, pueden tener una influencia negativa sobre su práctica deportiva.

Además, es común ver en un campo de deporte base a espectadores exaltados que dan instrucciones, insultan a los jugadores, árbitros, equipo rival, entrenador, etc. como si estuviera en una grada de deporte profesional y como si el resultado tuviera las consecuencias económicas de un gran club. Hay que tener muy presente que una competición de deporte base no tiene como finalidad divertir y entretener al público sino la formación de los niños y adolescentes.

Afortunadamente, y para ser justos, también existen muchos entrenadores, padres y espectadores que tienen un comportamiento ejemplar en el contexto del deporte base, lo cual es necesario reconocerlo públicamente, ya que llaman menos la atención, no dando una imagen derrotista y apocalíptica de lo que ocurre en todas las instalaciones deportivas.

En definitiva, y como reflexión para todos, el deporte es una herramienta útil e indispensable en la educación de nuestros jóvenes; pero siempre que hagamos un buen uso de ella y no la convirtamos en una imitación del deporte adulto y profesional. Al fin y al cabo, son niños vestidos de deportistas, y no atletas disfrazados de niños.

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