17 ago. 2016

¡Tu profesor es un inútil!




En los medios de comunicación es habitual que la mayor parte de las noticias sean negativas. Raro es ver u oír en un informativo una buena noticia, algo positivo, un suceso digno de llenarte de esperanza. Entre corrupciones políticas, guerras, datos económicos, paro, desahucios, la crisis de tu equipo o de la selección española,…, se le quitan a uno las ganas de estar informado. Si a ello le añadimos que los medios no se limitan a informar sino que, además, toman partido, tratando de orientarte a la línea editorial del medio, apaga y vámonos

En éste entorno la educación no se queda fuera de ello. Toda noticia que se divulgue sobre el estado de la cuestión será, cuando menos, catastrófica. Que si estamos a la cola de los informes PISA, que si los niveles de comprensión lectora son paupérrimos, que si los alumnos no saben comprender un problema matemático, que nuestro inglés es de lo peor, que si los maestros no están bien preparados y magisterio no lo estudian los mejores, que si las nuevas tecnologías no se incorporan a la velocidad que debieran a las aulas, que si se mata la creatividad, que hay demasiados contenidos y excesivos deberes, que se trabaja solo en base a la memorización, que no tenemos una universidad entre las cien primeras, que si el sistema es endogámico, que si todo está politizado, que si los sindicatos tienen demasiado poder, que si los maestros y profesores tienen un montón de vacaciones,... 

Pudiendo ser que haya algo o mucho de verdad en parte de ello, al final los debates se quedan en la espuma de siempre: educación para la ciudadanía, religión, catalán, presupuestos y poco más. Nunca profundizarán de verdad en las cuestiones importantes, ni movilizarán a que se luche por un cambio profundo y real. Criticar sin más. Y, eso sí, dar caña a la educación para después poner telebasura y más telebasura, que educa mucho.
Por supuesto, se nos comparará con los grandes triunfadores de PISA: en el mundo, algunas áreas de China (Shangai, Hong Kong, Macao, Taipei), Singapur, Japón; en Europa, Liechtenstein, Suiza, Holanda, Estonia, Finlandia,…, (por lo menos estamos por encima de Estados Unidos); o con la Comunidades Autónomas más aventajadas como son La Rioja, Navarra, Castilla y León,…, pensando, “¡ufff!, menos mal que no estamos los últimos” (yo soy de Murcia). Y, para colmo, ahora los rankings autonómicos y municipales por colegios. Todo lo que no sea estar en el podio es un desastre ¡Maldito Rafa Nadal! Ahora tenemos que ser todos como él.

Para poner la guinda, saldrá el gurú de turno, cual estrella de rock, que lleva sin pisar un colegio desde que era niño, dando lecciones sobre ideas revolucionarias que son de difícil o imposible aplicación en la realidad cotidiana de las aulas. Al menos, hoy día. Los mismos, por cierto, que luego quieren participar en defensa de la autoridad de los maestros, después de haberla tirado por tierra previamente. Y, paralelamente, haciendo la publicidad, ya nada encubierta, de su último proyecto o libro en donde explican todas sus ideas geniales.

Y todo ello es lo que llega a los padres de hoy. Que sus hijos no menos que están siendo víctimas de un sistema perverso, ideado para la manipulación de la ciudadanía. Los padres, imbuidos de lo nefasto del sistema, nunca de su lado bueno, que alguno tendrá, también entrarán en la rueda de las opiniones negativas sobre el sistema, el colegio y los maestros de sus hijos, como si se retuiteara la información de unos a otros, como los grupos de whatsapp de las madres de la clase; pero en vez de un “Me gusta”, será un “No me gusta”, quedándosete la cara de libro (por lo de Facebook), o de tonto mejor dicho. 

Y así puede uno encontrarse a padres, afortunadamente minoría, que entran al colegio con la desconfianza con la que uno entra al banco, con las defensas y las exigencias por las nubes, y más teniendo en cuenta que se trata de lo más valioso de sus vidas, sus hijos, (o al menos debería serlo, porque algunos, también minoría, no lo parece), con lo que remueve eso las emociones, por no decir otra cosa. Esto llevará a los padres a realizar en casa (y a veces en el propio colegio y a gritos), delante de sus hijos, comentarios despectivos del sistema, del colegio y de los maestros. Que si en mis tiempos la educación era mil veces mejor, que si la ESO es una estafa, la EGB sí que era un buen sistema. Que si el profesor tiene más de cincuenta años, es de la vieja escuela y no está actualizado; y si tiene menos de treinta, es un novato, sin experiencia en la vida y no tiene hijos ¡Qué sabrá ese niñato! Por supuesto, estudiar magisterio es para los tontos. Los buenos van a ingeniería y medicina. Y los hijos, es decir, los alumnos, también “retuitearán” esas ideas ante los maestros, quedándose sin capacidad para establecer unas mínimas normas y límites, y casi tener que pedirles perdón por decirles que se callen un poco.

Eso sí, al mínimo problema, o no tan mínimo, con sus hijos, correrán a exigir una solución inmediata, para ayer que no tengo tiempo. La diversidad del alumnado (gracias a ella aprendemos de verdad) te obliga a saber de todo, viéndote obligado a dejar a la altura del betún al mismísimo Petete (el del libro gordo), o a la Wikipedia, para ser más actual y que me entiendan los más jóvenes. Que si TDAH, autismo, Asperger, déficits sensoriales, adopción, separaciones y divorcios, medicaciones psiquiátricas,…, añadiéndolos a los que si eran cuestiones clásicas de los colegios como las dificultades de aprendizaje (lectoescritura, cálculo,…). Hay que ser maestro; pero también pediatra, neuropediatra, psiquiatra, psicólogo, trabajador social, consejero matrimonial, abogado (por lo de las custodias), y, en algunos casos, hasta padre y madre.

Si a todo esto añadimos la alta burocratización y normativización del sistema, que te obliga a hacer innumerables documentos, largos y tediosos, que es muy posible que nadie los lea; pero que hay que hacer por si un padre denuncia a alguien del sistema tenerlo todo bien atado (en el papel), restándote tiempo para atender adecuadamente a los alumnos ¿Y si esto hace que el sistema sea lento en los tiempos y los padres rápidos en las exigencias? ¡Ah! Se me olvidaba ¿Y tienes el B2 y la DECA?

Menos mal que no soy maestro, y que hay padres, la mayoría, a los que hay que agradecer que se muestren colaboradores con los maestros, trabajando mano a mano con ellos en la educación de sus hijos. Y que la vocación hace vencer a todos los sinsabores de la profesión.

Como conclusión, por lo menos pedirle a los padres que, si tienen algo que objetar al colegio de sus hijos, que tienen derecho a hacerlo, a pensar de forma distinta, e incluso a enfadarse,  que no lo hagan delante de los hijos, y menos asaltando a los maestros por los pasillos, en las filas o en la puerta del colegio, para reprocharles delante de sus hijos (los alumnos del maestro), lo nefasto del sistema, del colegio y de él mismo, cuando no gritarle en su cara ¡Eres un inútil!

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