26 ene. 2017

Estereotipias



Los seres humanos, desde el nacimiento, presentamos una tendencia natural a realizar movimientos repetitivos del cuerpo, o partes del mismo, que son muy frecuentes y que, dada su normalidad, pueden pasar desapercibidos para los demás. Suelen aparecer en momentos de aburrimiento, de alta intensidad emocional (miedo, sorpresa, ansiedad, alegría,...), estrés, concentración en una tarea, incluso en actividades sociales, deportivas o laborales. Se pueden observar en la práctica totalidad de los niños desde muy corta edad. Movimientos como balanceos del cuerpo, de las piernas y las manos, se pueden ver en la mayoría de los niños. Algunas de estas conductas, pueden ser vistas por los padres con preocupación, valorándolas como indeseables, inusuales, extrañas, anormales y patológicas. Se observan con mayor frecuencia en niños con retraso mental, autismo y otros trastornos del neurodesarrollo, así como en la esquizofrenia. También aparecen en niños que se encuentran en centros de acogida, o que han sido adoptados después de un tiempo de estancia en los mismos. Por tanto, hay que ser prudentes cuando se observe su existencia ya que, como hemos dicho, no tienen por qué suponer ninguna de las patologías mencionadas.

Qué son las estereotipias

Las estereotipias son movimientos altamente consistentes, repetitivos, raros, excesivos, que persisten por largos períodos de tiempo y que, aparentemente, no poseen una función ni tienen consecuencias, aunque en realidad tienen una función autoestimulatoria, proporcionándose la persona estimulación sensorial. Las estereotipias pueden ser detenidas mediante la distracción, a diferencia de otros movimientos repetitivos debidos a ciertos trastornos del desarrollo.

Sus tipologías son muy variadas, habiéndose descrito hasta 50 formas diferentes. Pueden conllevar actividad motora gruesa (ej.: balanceo rítmico del cuerpo o alguna de sus partes, saltos, giros de cabeza o tronco, aleteo de brazos o manos,...), actividades más sutiles de carácter perceptivo (ej.: mirar de reojo o girar los ojos, mirar luces, mirar partes del cuerpo, tensar partes del cuerpo,..), manipulación de objetos (ej.: girarlos, hacerlos oscilar, centrarse en alguna característica física o sensorial del mismo,...). Pueden ser rítmicas, como el balanceo, o no serlo, como succionarse un labio, o dar palmadas sin ritmo, morder objetos,...). Cuando no son rítmicas se dan con muy alta frecuencia. Las estereotipias que se producen con alta frecuencia con partes del cuerpo pueden dar lugar a autolesiones, desde morderse, desgarrarse, golpearse, movimientos bruscos, hurgarse en cavidades del cuerpo, pudiendo provocar daño físico, infecciones,..., que requieran atención médica. Algunos se causan daño mediante el consumo de sustancias nocivas, negligencias en el cuidado de la salud o actos peligrosos para su integridad física o suicidas.

Para ser consideradas patológicas tienen que interferir en la vida de la persona, como puede ser en la adquisición de repertorios conductuales adecuados, o que afecten a su integración en el contexto social.

CLASIFICACIÓN

Primarias: 

Son aquellas que se dan en niños con desarrollo normal. Aparecen desde muy temprana edad (antes de los tres años), y pueden ser transitorias o crónicas. Suelen aparecer en racimos (clusters) o salvas, de segundos a minutos de duración, varias veces al día, durante actividades que generen una excitación positiva (alegría), y con menor frecuencia ante situaciones de estrés o ansiedad, cansancio o aburrimiento. En prácticamente la totalidad de los casos las estereotipias se pueden inhibir con la distracción del niño o con un estímulo sensorial, como llamarlo por su nombre. Cada niño tiene su propio repertorio de estereotipias motoras, que repite de forma idéntica a diario. En ocasiones se observa una evolución del patrón del movimiento en un mismo niño, y con la edad suelen añadir mayor expresividad y complejidad al movimiento, asociando muecas, ruidos o posturas diversas, sonidos guturales o gritos. También es frecuente observar más de una estereotipia en un mismo niño.

Las estereotipias primarias se clasifican en comunes y complejas (Muthugovindan y Singer):

Comunes: Son aquellas que afectan a una proporción elevada de la población infantil (incidencia estimada del 22-72%) y que persisten con frecuencia en la adolescencia y edad adulta. Las estereotipias comunes más frecuentes en lactantes y preescolares son chuparse el dedo y balancear el tronco. En niños de edad escolar es frecuente morderse las uñas, enroscarse el pelo, balancear el tronco y golpear o repiquetear con los dedos de las manos y los pies. Es frecuente la transición de unas estereotipias comunes a otras con la edad en un mismo niño.


Complejas: Son movimientos coordinados que afectan principalmente a las extremidades superiores, que pueden ser rítmicos (aleteo o dar palmas, rotar muñeras, frotarse los dedos), ser contracciones musculares sostenidas que pueden simular distonías posturales, o que estén implicados los miembros inferiores (dar patadas, saltar, caminar en círculo, correr, etc.).Se calcula que entre el 3 y el 9% de niños entre los 5 y 8 años presentan estereotipias primarias complejas.

Secundarias:  

Son aquellas que se dan en niños con trastornos neurológicos, siendo un síntoma de dichas patologías. Algunas son específicas de un trastorno, como lavarse las manos o hacer calceta en el Síndrome de Rett, mientras otras no son específicas, como el aleteo de manos, que pueden darse en más de un trastorno, así como en niños sanos. Algunos de los trastornos que presentan estereotipias son el trastorno de Rett, síndrome de Lesh-Nyhan, síndrome de Cornelia de Lange, síndrome de cromosoma X frágil, autismo, déficit intelectual, esquizofrenia,... Las estereotipias no son un criterio necesario para realizar el diagnóstico de uno de estos trastornos (excepto el trastorno de Rett); pero, si están presentes contribuyen al mismo. Entre uno y dos tercios de los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen estereotipias. Suelen presentarse más tardíamente en los niños con alteraciones respecto a los niños sin patologías. Hay que tener presente que en trastornos como el autista, los tratamientos con neurolépticos pueden producir estereotipias orofaciales (discinesia tardía), como el llamado síndrome del conejo, no debiendo confundirlas.


Trastorno de movimientos estereotipados (TME):

Siguiendo el DSM, las conductas estereotipadas si constituyen un trastorno: el TME. Los criterios diagnósticos son seis:

  1. Conductas repetitivas, aparentemente impulsiva y sin función.
  2. Interfieren con las actividades normales o dan lugar a lesiones corporales que se inflinge el propio individuo y que necesitan tratamiento médico.
  3. Si está presente el retraso mental, tiene la suficiente gravedad como para ser objeto de tratamiento.
  4. La conducta no se explica como una compulsión, un tic, tirarse del pelo o es una estereotipia que forma parte de un trastorno generalizado del desarrollo.
  5. No se debe a una sustancia psicoactiva o una enfermedad.
  6. Persiste 4 semanas o más.
No se diagnosticará TME cuando existe un diagnóstico de trastorno del desarrollo. Si se diagnostica junto a retraso mental cuando las estereotipias son suficientemente graves como para recibir tratamiento.

Se diagnostica TME cuando las conductas repetitivas no suponen un daño corporal, mientras que si existe daño corporal, se denominaría TME con conductas autolesivas.

¡OJO!


Si eres padre o, sobre todo, trabajas con niños que presentan estereotipias (ej.: en un colegio), no te aventures a diagnosticar trastornos del neurodesarrollo (ya hemos dicho que la presencia de estereotipias no son condición suficiente para un diagnóstico) y, si ves que están interfiriendo en su desarrollo, derívalo a un neuropediatra lo antes posible. Es el especialista médico que determinará si el niño presenta o no un trastorno, y cual de ellos, entre cuyos síntomas estén las estereotipias ¿Y si es un trastorno genético que desconoces y le pones, por ejemplo, la etiqueta de autismo sólo porque aletea? Si no eres un profesional sanitario especializado puedes estar cometiendo intrusismo, el cual está penado. Así que mucho ojo con lo que hacemos, no vaya a ser que, con toda la buena intención del mundo, perjudiques al niño de forma grave.

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